El embarazo es el único momento en la vida en el que dos corazones laten al mismo tiempo dentro de un mismo cuerpo. Es esperar, es imaginar, es prepararse para un amor que aún no conoces pero que ya sabes que cambiará tu vida para siempre. Esa barriga que crece, esas manos que la acarician, esa mirada cómplice entre los dos que ya son tres. Todo eso pasa en nueve meses que vuelan sin avisar. Y cuando el bebé llega, el recuerdo de esa espera se vuelve borroso, opacado por las noches sin dormir, los pañales, la nueva rutina. Por eso las fotos de embarazo no son solo una tendencia bonita. Son el testimonio de que hubo un tiempo en que tu hijo o hija vivía dentro de ti. De que lo esperaste con ansias, con miedo, con amor infinito. Yo no vengo a hacer fotos de catálogo con vestidos voladores. Vengo a retratar esa intimidad única: la forma en que te tocas la barriga sin darte cuenta, la emoción en los ojos del futuro padre o madre, la ternura de ese vínculo que aún no ha nacido pero ya es eterno. Porque dentro de unos años, cuando tu hijo o hija crezca, podrás mostrarle estas fotos y decirle: ‘mira, así te esperábamos. Así de grande era el amor que sentíamos antes siquiera de conocerte’.

